Capítulo 1 de Amor bajo sospecha, de Annabeth Berkley

Hoy os traemos la primera parte de la novela Amor bajo sospecha, ya sabéis que nuestra autora Annabeth no escribe con capítulos, como particularidad suya…. pero eso no quita que nos encanten todos sus libros, aunque sean de tamaño mediano.

Os queremos acercar la historia de Opal y Dave, con intriga policiaca y todo el encanto que rezuman las novelas de nuestra autora.

Opal cogió aire antes de salir cargada con una bandeja de sus exquisitos canapés. Se movía con precisión, firmeza y elegancia entre los asistentes a la inauguración de la sala de exposiciones.
Su sonrisa era discreta, educada y formal, y pese a que no pretendía llamar la atención, no podía evitar que los hombres la miraran dos veces… o más.
Opal era consciente de su magnetismo, de su atractivo, pero no le importaba en absoluto. Apenas se maquillaba, solía recoger su preciosa y oscura melena en una coleta alta, y su ropa distaba de ser ceñida, aunque tampoco escondía su cuerpo proporcionado y esbelto.

Vestía el uniforme negro de la empresa, su empresa. Un pequeño negocio de catering que en poco tiempo se había situado como líder en el sector. Todo había empezado como un experimento en la cocina de su apartamento alquilado, y en menos de un año eran ya cuatro los camareros fijos que contrataba para los eventos, además de una cocinera por horas, en una cocina comercial que alquilaba puntualmente y que estaba muy cerca de su piso.

Como buena profesional, observaba los pequeños detalles mientras servía el catering: la sonrisa de los asistentes al dar el primer bocado, la rapidez y armonía de su equipo mientras discretamente recorría la estancia sirviendo las bandejas, las diferentes tarjetas de su empresa Silver Cup estratégicamente colocadas… Parecía todo en correcto orden, pero no le gustaba relajarse hasta que el lugar del
evento cerraba sus puertas o llegaba la medianoche, que era su hora de cierre en ese contrato en concreto.

Dave Malone se fijó en ella nada más entrar a la sala de exposiciones. La vio de espaldas; su esbelta silueta era digna de admirar. Eso y sus largas piernas enfundadas en tupidas medias negras llamaban la atención sin poder evitarlo. Su larga melena oscura tampoco la ayudaba a pasar desapercibida. Supuso que su rostro estaría a juego con todo ello, pero, aunque le gustaría averiguarlo, no le interesaba lo suficiente. Por lo menos no en su jornada laboral.

Prestó atención a lo que le rodeaba. La sala de exposiciones estaba bastante concurrida. Miró por encima las obras de arte diseminadas por el espacio pulcro y minimalista.
No le gustaba especialmente el arte abstracto, por lo que no prestó demasiada atención a lo expuesto. Decidió cambiar de sala no sin antes echar un último vistazo a la camarera de las piernas largas que se movía con elegancia y destreza entre los asistentes.

—¿Qué haces aquí, Molly? —preguntó Opal a su empleada mientras entraba con las bandejas vacías en el espacio destinado a la preparación del catering—. ¿Falta algo?
—No, no, Opal, va todo bien. —Sonrió, maliciosa, mirando a hurtadillas hacia la sala—. Pero mira quién
acaba de llegar.
Opal dejó la bandeja y se acercó hacia la puerta, curiosa. Molly Harris vestía de negro, igual que ella, pero su silueta se ceñía más a la ropa y tenía que engominar su cabello para que no se le escapara de su corta coleta.
—¿Quién?
—Mi futuro marido, sin duda. —Sonrió señalándole a un hombre en traje de etiqueta, como exigía la invitación a la inauguración.
Opal sonrió ante el comentario que estaba acostumbrada a escuchar con frecuencia y prestó atención al
hombre trajeado que observaba todo con atención. Era alto, delgado, con piernas largas, y el traje le quedaba de maravilla, pero estaba de espaldas a ellas. Realmente parecía muy atractivo, aunque a Molly se lo parecían muchos con bastante frecuencia.
—Anda, sal con la bandeja de los canapés de queso —le sugirió sonriendo antes de coger los de salmón y albahaca y volver a la sala.

Dos bandejas después, Opal pasó junto a Ray Cross, el hijo mayor de sus anfitriones. Estaba acostumbrada a verlo y ya no le llamaba la atención su atractivo, demasiado refinado para su gusto. El joven alto y rubio le sonrió reteniéndola al coger uno de los aperitivos de su bandeja.
Opal sonrió discreta y educada y miró indirectamente al interlocutor del joven para ofrecerle un canapé. No pudo evitar mirarlo dos veces.
Pelo muy corto, ojos azules, guapo, muy guapo, y atractivo, muy atractivo.
Él la miraba indiferente, con las manos en los bolsillos.
—Perfecto, como siempre —le comentó Ray a Opal con una sonrisa de prepotencia.
Opal asintió con la cabeza y prosiguió su camino. No le gustaba el tono de superioridad de Ray, ni su forma de mirarla. Le faltaba darle unos golpecitos en la cabeza diciéndole «buena chica», para intentar quedar por encima de ella.

Dave la siguió con la mirada. No se había equivocado en su suposición. El bonito rostro de la camarera iba acorde con su escultural cuerpo. Ojos oscuros que parecían echar chispas, labios carnosos, y caminaba muy erguida, transmitiendo una seguridad en ella misma que muy pocas mujeres parecían tener, o que por lo menos él no había visto con frecuencia.
Se había quedado sin palabras al verla. Y ahora que se movía entre los invitados, observarla era realmente un placer para todos los sentidos.


 

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Amor bajo sospecha

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