Capítulo 1 de Mi griego, de Iris Boo

La tercera novela de la saga de Vasisiliev Origins está aquí. Esta vez nos encontraremos a Lena y Geil como protagonistas. Lena es la hija de Yuri Vasiliev, el Diablo Ruso, cuya novela, si todavía no la habéis leído, la podéis encontrar en el catálogo: https://www.kamadevaeditorial.com/libros/diablo-ruso/

Os dejamos, como siempre, un aperitivo de lo que será la intensa y romántica historia de esta novela. ¡Disfrutad mucho!

Es difícil ser la princesita de papá, todos te tratan de forma diferente por ser la hija de Yuri Vasiliev. Creen que no me he dado cuenta, pero sé que los negocios de papá no son tan secretos como él cree. La gente  habla, murmulla, mantienen el secreto, pero está ahí, puedo notarlo.

Vivimos en un apartamento de tres habitaciones, y aunque tengo trece años, sé que no todos los niños del barrio tienen la suerte que tengo yo de tener una habitación para mí sola. Pero en el colegio los niños no me miran de forma extraña por eso; les doy miedo. He intentado tener amigos, pero ninguno parece  mirarme a mí realmente, sino que solo ven mi apellido: Vasiliev.

La única persona que no me mira de esa manera es Geil. Él no me observa en la distancia con los ojos entornados, él se mantiene a mi lado, cuidándome, cargando con mis libros si pesan mucho, ayudándome con algunas materias cuando le digo que se me ha atragantado alguna parte… Él es inteligente y es bueno con los números. Su sueño es construir aviones para que la gente viaje a lugares muy lejanos, y sé que lo va a conseguir. Geil es de ese tipo de personas que consigue lo que se propone a base de esfuerzo.

Aunque, si me preguntan, lo que realmente me gusta de Geil es esa sonrisa que pone cuando ve que he entendido lo que acaba de explicarme. Y sus ojos, oscuros, tan expresivos y dulces… Es tan diferente a mí, a mis hermanos.

De pequeña creía que éramos hermanos, pero bastaba con echarnos un vistazo para ver que éramos muy diferentes.

Mamá dice que es porque nuestras raíces son rusas, por esos somos rubios de ojos claros, y Geil es de ascendencia griega. Allí tienen el pelo y los ojos oscuros, incluso su piel es algo más oscura que la nuestra.

Algo golpeó mi trasero y me sacó de mi momento de epifanía frente al espejo del baño. La risilla traviesa que escuché alejándose me dijo que Estella estaba otra vez persiguiendo a Andrey para poder peinarle; siempre era lo mismo. Con mi hermano, no había manera de hacer que se pusiera medianamente  presentable. Odiaba que lo peinaran para domar esos rizos rebeldes que se empeñaban en hacerle parecer un pequeño diablo… Aunque la imagen le pegaba porque era travieso a más no poder, y si no que se lo digan a mis pobres muñecas. Ya no hubo manera de poder ponerlas guapas después de que él hiciese de peluquero con ellas. En cuanto Estella lo vio con las tijeras en la mano y esa sonrisa diabólica en la cara, supo que algo malo había hecho.

¿Importarme? Al principio sí, eran mis muñecas, pero luego mamá me convenció de que era momento de dejar de ponerlas guapas a ellas y empezar a ponerme guapa yo.
Me compró un vestido bonito y olvidé mis dos muñecas casi calvas.
—¡Andrey! —gritó mamá desde el pasillo. No necesité mirar para saber que mi hermano se había quedado clavado donde estaba, tratando de esconder su cabeza entre sus hombros. Mamá era la única que conseguía hacerlo, ni siquiera papá era capaz de conseguir eso. Bueno, salvo cuando se ponía serio. Entonces te miraba de esa manera que…. Uf, no necesitaba decir nada para que sintieras el fuego del infierno quemándote el trasero.

—No quiero, mami —protestó Andrey inútilmente. Mi madre lo aferró por el brazo, lo giró hacia ella y peinó aquellos rizos para poder domarlos; eso sí, gastando una buena cantidad de colonia para conseguirlo.
—O te peinas o te corto el pelo. —Podía decir lo que quisiera, pero a mamá le encantaba peinar aquella mata de pelo rubio, se lo notaba en la cara, como en ese instante.
Era buen momento para atacar.
—Mamá, la semana que viene es el cumpleaños de Margot, ¿puedo ir a su fiesta? —Mamá apartó la vista de su tarea un segundo para mirarme. A veces creo que podía leer dentro de mi cabeza.
—Cuando regrese tu padre de su viaje, se lo preguntas a él. —Ya sabía lo que significaba aquello. Interminables preguntas sobre dónde, quién, cuándo… Sobre todo quién.

Papá estaba obsesionado con que me acompañasen un par de sus hombres, aunque de un tiempo a esta parte había empezado a preguntar por los chicos que iban a ir a esas fiestas. Menos mal que, si Geil venía conmigo, papá se sentía más tranquilo.

El timbre de la puerta sonó, señal de que precisamente mi escolta particular venía a recogerme. Geil, tan puntual como siempre. Corrí hacia la puerta para abrirle, encontrándome su dulce sonrisa al otro lado.
—¿Estás lista?
—Dame un minuto. —Su cabeza se inclinó hacia delante con resignación. Salí disparada hacia el salón para
recoger mis cosas y regresar junto a él—. Mamá, me voy con Geil a clase. —Al volver el rostro hacia él, tropecé con Patrick, que llegaba en ese momento. No traía la misma cara risueña de otras veces; estaba demasiado serio, como si algo grave hubiese ocurrido. Instintivamente me puse en alerta. ¿Le había ocurrido algo a papá?
—El coche os está esperando abajo. —Eso quería decir que nuestra rutina de ir andando, como cada mañana, se había alterado. Sí, algo había ocurrido, y me moría por saber qué era. Y no era la única. Mamá estaba junto a la puerta, mirándolo con expresión seria.
—¿Yuri? —Solo una palabra. Pero la negación de Patrick hizo que ambas soltáramos el aire que estábamos conteniendo.
—Daos prisa, chicos, el coche espera. —Patrick no quería que supiéramos lo que ocurría, y eso hizo que le prestara más atención.
—Adiós, mamá. —Me despedí de ella, pero no empecé a bajar las escaleras junto a Geil; me quedé rezagada para poder escuchar.
—¿Uno de los chicos? —preguntó mamá. Antes de que la puerta se cerrara, privándome de averiguar más, escuché un nombre.
—Mateo. —Solo conocíamos a una persona con ese nombre, el padre de Geil. En aquel instante, supe que algo malo iba a golpear a mi mejor amigo, algo que haría que todo cambiase en su vida, algo que tendría que superar. Y yo iba a estar ahí para averiguar qué había ocurrido y, sobre todo, para ayudarlo a seguir adelante.


 

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Y si queréis conocer más a la autora, no os perdáis la entrevista que le hicimos en vídeo: https://www.kamadevaeditorial.com/entrevista-online-con-iris-boo-presentacion-ruso-negro-y-diablo-ruso/

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