Ambientación en las novelas históricas, por Alix Rubio

Os presentamos un artículo escrito por la historiadora y escritora Alix Rubio. Esperamos que os ayude con la documentación de vuestras novelas románticas e históricas.

La ambientación de una novela histórica es fundamental. “Espíritu atormentado” es un romance histórico cuya historia transcurre en Inglaterra, entre Londres y un castillo en Perth, Escocia. Comienza en 1837 y termina en 1853.

Bien, una vez delimitado tanto el espacio temporal como el geográfico, hay que saber qué hacían las personas de esa época, cómo vivían, qué comían, sus costumbres, su ropa.

Primero, leí novelas de escritores ingleses de aquel tiempo, no para copiar el estilo, sino para conocer las costumbres de los ingleses. Se trataba de una sociedad muy jerarquizada y conservadora, y los autores coetáneos son una fuente de información importante.

Después busqué las noticias de la época, qué había ocurrido.
Miré las efemérides, el calendario, consulté periódicos, bibliografía, ensayos y artículos. Recorrí el plano de Londres, miré mapas, leí sobre los viajes que hacían y cómo viajaban.

Aprendí el sistema de pesos y medidas y el monetario, los precios de los alimentos, los sueldos que se ganaban en los diferentes oficios, qué ideas y creencias estaban de moda, dónde y cómo se celebraban los bailes y qué se bailaba, el protocolo; conocí a los pintores, escritores, músicos, filósofos, políticos
y las leyes que se promulgaron. Aprendí cuáles eran los barrios pobres y los barrios acomodados, quién se casaba con quién, cómo se organizaban los matrimonios y se celebraban las bodas.

El trabajo de investigación fue laborioso y profundo porque toda novela histórica, sea del tema que sea, transcurre en unas épocas y lugares; y la obligación del escritor es conocerlo todo aunque después sólo utilice una parte, para que sus personajes se muevan con soltura y sean creíbles.

-Las mujeres.-

He prestado especial atención a los personajes femeninos porque tienen mayor protagonismo.
Las damas de las clases altas no trabajaban. Su destino era el matrimonio y eran los padres o tutores quienes tenían la última palabra. El concepto de matrimonio por amor es bastante moderno, lo importante era el linaje, la unión de apellidos y fortunas.

Los matrimonios desiguales eran difíciles y mal vistos, un comportamiento considerado inadecuado acarreaba el ostracismo social. Las damas de la alta sociedad tampoco heredaban, recibían una dote. A mayor dote, mejores posibilidades de matrimonio.
Pero los jóvenes adecuados, entiéndase herederos, escaseaban porque el hijo mayor se llevaba la parte del león en cuestión de herencias. Y había sobreabundancia de señoritas casaderas respecto a los caballeros. Las jóvenes presentadas en sociedad con toda pompa tenían un máximo de dos años para encontrar marido.

Pasado ese tiempo, otras tandas de debutantes frescas en busca de marido las desbancaban. Y si una mujer quedaba fuera del mercado matrimonial se convertía en una solterona viviendo con sus padres, un hermano o un pariente. Una desgracia. Como ellas no heredaban, si una familia sólo tenía hijas quien heredaba era el pariente varón más cercano, aunque ni siquiera le conocieran. Si dicho pariente no estaba casado y le hacía gracia alguna de las chicas y la pedía en matrimonio, por lo menos el futuro de la feliz elegida quedaba asegurado.

La educación intelectual y sentimental de las mujeres estaba orientada a encontrar el mejor marido:
música, dibujo, composición floral, lecturas, conversación amena. No eran unas ignorantes, únicamente no
podían mostrarse pedantes ni más informadas que los caballeros. Tampoco podían quedar escasas de conversación porque ser consideradas unas necias no las favorecía. La educación sexual brillaba por su ausencia.
Descubrían los secretos del matrimonio en su noche de bodas. Como se creía que una mujer casada no necesitaba sentir nada, y el único objetivo de toda aquella parafernalia era tener hijos, las damas casadas se tumbaban, cerraban los ojos y pensaban en Inglaterra sobrellevando el proceso con la mayor elegancia y discreción posibles. Se trataba de una sociedad extremadamente pacata y puritana (había mucha hipocresía y también muy malas costumbres; pero, por supuesto, de eso no se hablaba).

¿A qué se dedicaban las damas?

Además de a ser “los ángeles de hogar” (obedientes, buenas esposas, buenas madres), a estar a la moda, pertenecer a diferentes comités de beneficencia, hacer y recibir visitas, organizar cenas, asistir a cenas y bailes, pasear para ver y ser vistas en los lugares señalados. Las cenas y comidas a las que asistían, así como la mayoría de los bailes, eran privados, nunca lugares públicos. Almack´s, donde se reunía lo más exquisito de la sociedad, tenía derecho de admisión y no se trataba sólo de dinero. Los nuevos ricos eran considerados vulgares.
Otro aspecto importantísimo para las damas era la moda. Tejidos preciosos y adornos las ocupaban a ellas
y a sus modistas. Tenían que estar perfectamente vestidas, peinadas y calzadas para cada ocasión del día, de la tarde y de la noche. Se cambiaban varias veces de ropa. Dos elementos de belleza, muy incómodos, eran el corsé –no solamente incómodo sino peligroso para la salud- y la crinolina.

El corsé, cuyas ballenas aplastaban las costillas se apretaba con cordones en la espalda y reducía la cintura hasta lo increíble. Tenía que estar muy apretado. Como consecuencia les costaba respirar, y en cuanto se asustaban o disgustaban se desmayaban.

La crinolina era una estructura hecha con aros de metal que se ponía bajo la falda y la ahuecaba. Visualmente el efecto era muy bonito, todas hemos visto películas en las que las protagonistas llevan esos preciosos vestidos de faldas anchas. Los pantaloncitos hasta la rodilla o hasta el tobillo (dependiendo de la moda del momento) quedaban con la cintura aprisionada bajo el corsé y la crinolina. ¿Problema? El que os podéis imaginar. ¿Solución? Dejar abierta la costura central.

Los vestidos se complementaban con diferentes tipos de joyas, guantes, sombrillas, sombreros y bolsos.
Muchos periódicos publicaron caricaturas ridiculizando aquella moda de llevar faldas exageradamente anchas. Incluso parece que hubo accidentes graves, desde señoras que se caían al bajar de un carruaje hasta
vestidos que se incendiaron al pasar junto a una chimenea. Belleza y sufrimiento a partes iguales.
Respecto a las burguesas, hijas y esposas de banqueros, comerciantes, hombres de negocios, propietarios
de fábricas, abogados, etc, tenían un alto nivel económico pero no gozaban de la consideración y privilegios
de las clases altas. El nuevo rico, el dinero obtenido trabajando y no por herencia no era bien visto. Poseer
tierras trabajadas por arrendatarios era fundamental. Las damas de la burguesía imitaban a las aristócratas y procuraban a sus hijas la mejor educación que también les proporcionara un buen marido. La presentación en sociedad de las debutantes burguesas se hacía en privado. Las mujeres de la clase media baja ayudaban a sus maridos trabajando en los negocios familiares, y también procuraban que sus hijas tuvieran una dote digna. En caso de necesidad, estas jóvenes trabajaban como institutrices o en puestos remunerados que les permitían salir adelante. Como los matrimonios eran por conveniencia, las uniones desiguales no eran habituales, especialmente porque la separación de clases era muy rígida.

Las mujeres de las clases desfavorecidas, las pobres entre los pobres, eran quienes peor lo pasaban porque no tenían forma de salir de su situación. Niñas huérfanas cuyo trabajo se venía a los propietarios de fábricas, o que trabajaban como costureras y en el servicio doméstico; mujeres explotadas en diferentes ámbitos laborales y en la terrible lacra de la prostitución.

Pero hubo también mujeres que comenzaron a hacerse valer en aquel mundo dominado por los valores
masculinos. Un grupo de intelectuales bien formadas que tuvieron que luchar duramente para ser reconocidas.

Pintoras, escritoras, pensadoras, activistas que clamaban que las mujeres tenían derecho no sólo a tener
su propio dinero sino a gestionarlo. Fueron a la Universidad, trabajaron en periódicos, crearon escuelas para alfabetizar a las mujeres pobres; otras organizaron sindicatos para que las mujeres de las fábricas lograran mejoras laborales, informaron sobre métodos anticonceptivos aunque eso las condujera a ser acusadas de inmoralidad y encarceladas. Hubo un momento en que “los ángeles del hogar” se rebelaron y comenzaron a cambiar la historia.

Adela Rubio Calatayud (Alix Rubio) es historiadora, especializada en folklore sefardí y autora de varios libros históricos, además de Espíritu atormentado, novela romántica e histórica publicada en Kamadeva

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