Capítulo 1 de Un viaje sin retorno, de Annabeth Berkley

Hay ocasiones en las que realizas un descubrimiento de alguien especial, que te llega por casualidad y que resulta ser, no un diamante en bruto, sino una preciosa flor que se está descubriendo al sol.

Eso es lo que nos ha pasado con los libros de Annabeth Berkley. Una autora que firma con seudónimo y que, aunque ha escrito una treintena de libros de crecimiento personal, se ha atrevido con otro de los temas que le apasionan, la novela romántica.

Pronto os anunciaremos una segunda novela de la autora que os va a fascinar, pero mientras tanto, os dejamos aquí el comienzo de Un viaje sin retorno, que podéis encontrar en nuestro catálogo de libros.

Jade Maxwell salió indignada a la calle. El frío invernal  le hizo estremecerse. Contrastaba con toda la furia que sentía dentro, pero no quería pararse ni un solo minuto a pensar. Se abrazó con más fuerza el abrigo sobre su cuerpo mientras las lágrimas de rabia se mezclaban con los pequeños copos de nieve que habían empezado a caer.
Empezó a andar decidida, sin rumbo. Sus pasos resonaban en la acera y rompían la oscuridad que ya se cernía sobre la última hora de la tarde.
A la mierda la nieve, a la mierda Henry, a la mierda todo, pensaba una y otra vez, en bucle, como si fuera un
mantra.
No estaba segura de dónde ir. Había salido de casa como un vendaval sin tener elegido su destino, pero decidida a mandar a la mierda todo lo que allí se quedaba.
Eso era lo único que tenía claro.

Parker Wallace aparcó su viejo chevrolet en el primer sitio que vio y se frotó las manos entre sí para combatir el frío que sentía en ellas. No quería poner la calefacción del coche. Necesitaba despejarse la cabeza para alejar el bloqueo que sentía desde hacía unos meses. Sabía que la inspiración aparecería tarde o temprano, pero hacía tiempo que no le tardaba tanto en llegar y estaba empezando a preocuparse.

La puerta trasera del coche se abrió de repente sobresaltándolo.
—Lléveme a Polson, Montana —le ordenó una enérgica voz femenina.
—¿Perdone? —Preguntó extrañado girándose para mirar a la joven que acababa de entrar y sentarse entre
las sombras del asiento de atrás.
—Arranque, lléveme a Polson, Montana —repitió impaciente la joven cerrando la puerta y mirando distraída y furiosa por la ventana.
Parker se extrañó por la situación.
—A ver, señorita…
—A ver nada —le dijo furiosa-señalándole el letrero de la parada de taxi donde había estacionado—. Quiero ir a Montana, por favor.
Parker miró hacia donde le señalaba la joven. Justo frente a él había una señal de estacionamiento. Había
aparcado en la parada de taxi y ella se había limitado a subir sin darse cuenta de que su coche no tenía ningún distintivo que lo hiciera parecer siquiera un taxi. Fue a replicar, pero en un segundo cambió de idea. No tenía nada mejor que hacer. Quizá fuera lo que necesitaba para distraerse y que la inspiración le llegara.
—Eso está a tres días en coche —le mantuvo la equivocación sin dejar de mirarla por el espejo retrovisor.
Apenas le veía la silueta.
—No me importa —le respondió cruzándose de brazos sin mirarle—. Le pagaré cuando lleguemos.
—¿Y su equipaje?
Jade hizo un mohín y resopló molesta. Ya sabía que no llevaba equipaje. Se había ido de casa solo con lo puesto.

—Compraré lo que necesite por el camino— respondió tajante fundiéndose con el silencio y el frío de la
noche.
—Pero yo tampoco llevo equipaje —replicó sorprendido y expectante ante la inesperada e imprevista situación.
Jade resopló impaciente.
—Le compraré lo que necesite, por favor, ¡¡arranque!!
Parker obedeció sin inmutarse. No era amigo de grandes riesgos ni aventuras en su vida personal, cosa que suplía con éxito en sus novelas, pero no tenía nada mejor que hacer así que decidió dejarse llevar por la situación.
Además, dejarse llevar era algo que se le daba muy bien, o de eso lo acusaban siempre las mujeres con las que se relacionaba.
Jade se limpió alguna de las lágrimas que aún le recorrían las mejillas. La primera reacción antes de salir de
casa había sido coger la maleta para meter su ropa y largarse, pero tener que dejarla sobre la cama donde acababa de descubrir a su novio con una mujer, era algo que no podía soportar. Así que haciendo uso de su fuerza mental y repasando rápidamente lo que tenía de valor en el piso, solo metió en el bolso sus tarjetas del banco y el dinero que tenía reservado para emergencias.


Así comienza Un viaje sin retorno, con la disgustada Jade subiéndose a un coche de un desconocido… ¿qué ocurrirá durante esos tres días de viaje? ¿Y cuando lleguen…?

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Un viaje sin retorno

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