Capítulo 1 de Enséñame a decir te quiero, de MJBrown

En este artículo, os queremos enseñar cómo empieza la preciosa novela de MJBrown, Enséñame a decir te quiero, que es la segunda de su serie Serendipia, que comenzó con A 100 peldaños de ti.

Disfrutad mucho del capítulo 1


HÉCTOR
Recorro con mis labios todas y cada una de las fases lunares que tiene tatuadas a lo largo de su columna vertebral. Deposito un beso en la última de ellas, una luna en cuarto menguante, tatuada justo al final de su cuello.
Me recreo en ese beso, un beso húmedo y tierno. Cierro los ojos y me empapo de su olor. Ese olor que tanto me gusta aspirar cuando me despierto a su lado.
Me coloco de lado en la cama, apoyo mi codo sobre la almohada y sujeto mi cabeza con una mano, la
observo. No hay nada que me guste más en esta vida que verla dormir, desnuda y a mi lado. Es tan increíblemente perfecta que a veces dudo de que sea real.
Miro la hora en el teléfono móvil que tengo sobre la mesita de noche. Son las dos de la mañana y tengo que irme. No es que tenga que hacerlo, es que debo hacerlo.
Me levanto despacio para no despertarla, me visto y salgo descalzo de la habitación para no hacer demasiado ruido. No quiero que se dé cuenta de que una noche más me voy en medio de la madrugada.
La observo desde la puerta que he dejado entreabierta y dibujo una sonrisa en mis labios. Soy jodidamente feliz desde que ella está en mi vida. No puedo negarlo. Pero no quiero decírselo. No puedo hacerlo, al menos, no por ahora.
Si algo quedó claro entre nosotros cuando todo esto empezó, es que lo nuestro no era más que algo puramente sexual, nada de sentimientos, nada de te quiero y nada de compromisos. Eso sí, mientras estuviéramos juntos no habría nadie más en nuestras vidas.
Exclusividad lo llaman.
Me calzo las zapatillas de deporte y me pongo la cazadora de cuero. Me cuelgo el casco de la moto en mi
brazo y salgo a la calle.
Podría haberme quedado a dormir con ella, pero me prometí no hacerlo. Nunca me he quedado a dormir
en la cama de ninguna de las mujeres con las que he follado y debo decir que han sido muchas.
Bueno debería aclarar que con ninguna mujer he tenido más de dos noches seguidas de sexo, no suelo
repetir. Por lo de los sentimientos y eso. Pero lo de Gloria se me ha ido de las manos. Lo de Gloria es algo que ahora mismo soy incapaz de describir. Podría decir que soy una jodida montaña rusa. Pero es que Gloria es diferente. Gloria es… Gloria. Punto.
Llego hasta mi moto, arranco el motor y le doy gas. A estas horas la ciudad está dormida y es una pasada
atravesarla a toda velocidad, sin interrupciones de tráfico. Me gusta sentir la adrenalina que me produce rebasar los límites de velocidad. Bueno en realidad me gusta la adrenalina en todos los sentidos, ella forma parte de mi vida. Por algo soy boxeador, bueno debería decir que un día fui boxeador. Ahora me dedico a entrenar a otros para que un día lleguen a serlo.

Doy algunos rodeos hasta llegar a mi casa y seguir disfrutando de este pequeño placer que me otorgo de
vez en cuando.
No siempre puedo desafiar a la ley y al orden. Pero esta noche voy a permitírmelo. Esta noche voy a arriesgarme.
Aparco la moto en la puerta de casa, le coloco el antirrobo y me quito el casco, paso una de mis manos por
el pelo y lo alboroto un poco. No lo llevo demasiado largo y tampoco muy corto, lo justo para hacerme a veces un pequeño moño en lo alto de mi cabeza. Supongo que lo de mesarme el pelo y alborotarlo es una manía como otra cualquiera, pero en mi caso lo hago cuando estoy nervioso o algo me preocupa. Y si os preguntáis si estoy nervioso o estoy preocupado por algo, os diré que sí, que lo estoy por todo este cúmulo de sentimientos que tengo alojados en mí y que no sé qué hacer con ellos.
Una vez en casa me despojo de la ropa hasta llegar a mi habitación, otra manía es la de ir dejando regadas
por todos lados las prendas de las que me voy liberando, ventajas de vivir solo, pero esta manía, sin duda, debería empezar a quitármela. Tengo que reconocer que soy un poco desordenado. Un poco no, bastante. Bueno puestos a ser sinceros, muy desordenado.
Por cierto ni siquiera me he presentado, perdonadme.
Me llamo Héctor Arslan, y como ya os he dicho soy boxeador, tengo un gimnasio y soy amigo de Aris.
Pero os estaba hablando de Gloria. Mi chica. No, no, mi chica no. Mi…, bueno eso, que os estaba hablando
de Gloria. A mí me iréis conociendo a lo largo de las páginas de este libro.
Lo que empezó siendo un simple coqueteo en pleno confinamiento debido a la pandemia provocada por
la covid-19 ha terminado siendo algo que ni yo mismo sé definir. Porque tengo tanto lío en mi cabeza que no tengo ni idea de qué va esto que siento por ella. Pero si de algo estoy seguro es que nunca he sentido algo así por nadie. Y aunque soy de apariencia dura y en el fondo hasta yo mismo creo que soy así, en estos momentos me siento el ser más vulnerable que existe sobre la faz de la tierra. En palabras sencillas y un tanto vulgares puedo definirlo en tan solo dos. ESTOY ACOJONADO. Sí, así con mayúsculas.
Gloria llegó hasta mí gracias a Elena, la chica de Aris. Elena le habló de mis clases online durante la cuarentena y ella muy resuelta se puso en contacto conmigo para apuntarse.
Recuerdo la primera vez que la vi, pensé que no aguantaría ni dos minutos siguiendo mis indicaciones.
Delante de mí tenía, a través de la pantalla del teléfono móvil, a una mezcla de la Barbie complementos y las princesas Disney.
Iba vestida con unas mallas súper ajustadas de color negro con unas franjas rosas y un top haciendo conjunto con ellas. Un top que tenía colocadas sus tetas en su sitio. Sí, en su sitio, ni más arriba, ni más abajo. Ese pelo rubio recogido en dos trenzas de boxeadora y por último esos ojos azules en los que me perdí desde la primera vez que los vi y creo que desde entonces no me he vuelto a encontrar. Tampoco quiero hacerlo, ahí perdido con ella estoy muy bien.
Para ser sinceros nunca he estado mejor en mi jodida vida.
Gloria no tiene dos ojos. Gloria tiene dos mares en la cara adornados por una perfecta nariz y unos labios
que te piden a cada segundo que los beses. Y como últimamente yo me he vuelto bastante obediente, no dejo de perderme en ellos en cuanto tengo ocasión.
Pero a pesar de su frágil apariencia, ella me demostró todo lo contrario y hasta llegó a desafiarme diciéndome que era un poco flojo dando mis clases, con esa voz tan dulce pero que suena tan sexy y sensual, o al menos a mí me lo parece.
Eran tales sus desafíos que me piqué con ella, así que me propuse hacerla sufrir en las clases. Pero joder la
tía como aguantaba, tanto aguante tiene que después de terminar la cuarentena y una vez abierto el gimnasio ha seguido asistiendo a mis clases. Nunca he visto a una tía darle con tantas ganas y con tanta elegancia a un saco de boxeo. Se mueve con gracia y soltura y sus patadas con sus largas piernas son espectaculares. Incluso hay días en los que tiene hasta espectadores para verla, cosa que me jode bastante, también tengo que reconocerlo.
Todo hay que decirlo y si vamos a ser sinceros pues lo somos del todo. Gloria es mía. Nadie lo sabe en
realidad, pero todos lo intuyen, así que la respetan y me respetan. Supongo que más de uno sabe que meterse en terreno ajeno y más siendo el jefe es peligroso. En cuanto a ella no es que me sea muy fácil disimular que me atrae y me gusta, por lo que más de uno se ha percatado de que ella en estos momentos es mi debilidad.
Me he vuelto demasiado transparente y a la vez bastante vulnerable en todo lo que se refiere a Gloria.
No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que entre nosotros saltan chispas. Ya saltaban a través de
la pantalla del teléfono.
A lo que iba, que a veces me voy por los cerros de Úbeda y tratándose de Gloria mucho más allá.
De las llamadas estrictamente profesionales para dar las clases, pasé a los mensajes un poco más personales, preguntándole por su día y tonterías varias, siempre buscaba una excusa para saber de ella. Yo lo único que quería era leer lo que ella me escribía, empecé a comportarme como un adolescente enamorado.


Seguro que ahora quieres saber qué pasa… si te apetece, te dejamos el enlace para que leas la sinopsis:

Enséñame a decir te quiero (Serendipia 2)

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