Relato de Ada White: Uriel

Hoy os traemos un relato corto de nuestra Best seller y premiada en el año 2019 Ada White, del protagonista masculino de su novela “Y tú, ¿qué quieres?”, una deliciosa comedia romántica ganadora de nuestro certamen romántico.

Os dejamos con Uriel, ¡disfrutad!


 

Esa mañana, Uriel, había quedado con un cliente para comer, pero a última hora este le había cambiado la cita para el día siguiente así que, decidió parar a comer algo rápido en un Burger que había cerca de la oficina.   Cuando entró al local comprobó que no había mucha gente; pensó que sería normal pues aún no habían salido los chicos del instituto que eran los clientes habituales de ese establecimiento.

Cogió su pedido y se dirigió a una de las mesas que había en un lateral junto a la puerta desde la que se veía casi todo el local. Estaba entretenido mirando el correo en su móvil cuando pasó junto a él una empleada cargando una gran bandeja llena de vasos y botellines de refresco. Se quedó embobado mirando el contoneo de sus caderas y el movimiento acompasado de sus glúteos al caminar, que ni con el sobre peso que aguantaban sus manos, perdían el ritmo. Pero, un movimiento le hizo bajar la mirada hasta sus pies justo en el momento preciso para ver, como uno de los jóvenes del grupo que ocupaban varias mesas, sacaba el pie intencionadamente para que la joven camarera tropezara.

Aunque se levantó rápidamente, estaba demasiado lejos para llegar a tiempo de sujetarla y evitar la caída. Mientras se acercaba, fue testigo de como intentó evitar el golpe sin conseguirlo. Un estruendo de cristales rotos resonó en todo el local y le impactó la forma en que la chica se levantó del suelo, al que parecía ni haber llegado, pues tal como aterrizó, comenzó a elevarse de nuevo como empujada por un resorte.

Pero…Para lo que, Uriel, no estaba preparado era para el impacto visual que recibieron sus retinas cuando la chica levantó la cabeza y dirigió su mirada al adolescente que había provocado el accidente. Unos ojos de un verde tan claro que parecían dos turquesas, que contrastando con el moreno de su piel aún parecían más claros.

Le impactó positivamente, el carácter que demostró cuando se enfrentó al chaval, de la misma forma que cuando se fue detrás del que parecía ser su jefe a lo que supuso sería el despacho. Esperaba que no tuviese problemas, pues había sido evidente que era una víctima de ese adolescente.  Pero cuando la vio salir de allí, se dio cuenta de que algo no había ido bien, así que decidió ir a hablar con el jefe de la chica para dar su testimonio de lo ocurrido, por si era de ayuda. Pero antes de llegar al despacho, vio a la chica salir en dirección a la calle y sin pensarlo giró sus pasos para seguirla. Cuando ella abrió la puerta, él la cogió por el codo con suavidad, pero la camarera se giró bruscamente encarándolo y Uriel, no esperaba que descargase toda su rabia con él.

—Y tú, ¿qué quieres? —dijo como si le lanzase un puñal.

—¡Yo no quiero nada! Solo intentaba ser amable, pero, por lo visto, usted en vez de sangre tiene lava. Siento haberme interesado. ¡Que tenga un buen día! ¡Aunque lo dudo! —contestó él mientras salía, dejándola sin palabras.

Cuando se alejaba oyó a la otra chica como se acercaba a la morena y la llamaba Lucía.

El encontronazo con Lucía, lo dejó tocado. Él, que estaba dispuesto a defenderla, se encontró siendo su sparring. Olvidó el percance y continuó su camino hasta la oficina.

Su padre, Alejandro Suesa, fundador y socio mayoritario de una de las compañías de seguros más importantes de Europa y en la que él trabajaba como asesor legal, lo esperaba en su despacho. Según le había comentado por la mañana tenían que hablar sobre un cliente ruso que últimamente les estaba dando demasiados quebraderos de cabeza. Intentó centrarse en la reunión, pero terminó perdiendo el hilo de la conversación en varias ocasiones. El motivo… Unos ojos verdes.

—Uriel… ¿Estás escuchando? —preguntó Alejandro a su hijo, viendo que no reaccionaba a lo que le estaba explicando.

—Lo siento, hoy tengo la cabeza en otra parte. ¿Qué me estabas diciendo?

—Te decía, —dijo moviendo la cabeza de lado a lado, –que ese hombre es peligroso y deberíamos tomar medidas preventivas. Aunque aparentemente todo es legal, algo me dice que seamos cautos.

—Sí, estoy de acuerdo contigo. Es más, creo que deberíamos contratar un investigador privado para asegurarnos que los metales preciosos y obras de arte que exporta, son realmente eso, y que no hay nada entre esa mercancía que nos pueda acarrear problemas.

—Está bien, Uriel, haz lo que creas oportuno y si es necesario, cancelamos todos los contratos que tenemos con él —decidió categóricamente Alejandro. No estaba dispuesto a poner en riesgo todo por lo que habían luchado para conseguir el buen nombre y la fiabilidad que su empresa.

—Y…hijo, te aconsejo que aproveches el fin de semana y te largues por ahí. Sal, diviértete, vete a ver a Julio, pero por favor…resuelve lo que sea que tienes en la cabeza.

Uriel quería contestarle a su padre, que no necesitaba resolver nada, pero no le dio tiempo pues Alejandro ya había salido del despacho dejándolo con cara de no saber que acababa de pasar.  Se encogió de hombros y pensó que a lo mejor tenía razón y necesitaba pasar un fin de semana con su amigo Julio en Ibiza. Sí, eso haría.

Mientras se dirigía a su casa llamó por teléfono a su amigo para decirle que preparase algo para el fin de semana.

«Ibiza es la mejor opción para borrar de mi mente su imagen». Ese fue su pensamiento, pero no imaginó que el destino es caprichoso y le tenía preparada una sorpresa que nada tenía que ver con lo que él había planeado que sería su fin de semana en Ibiza.

Uriel era un hombre que, a pesar de su juventud, siempre anteponía el trabajo a la diversión y, aunque era muy atractivo y no tenía problemas para conseguir citas, su pasado le impedía confiar en las mujeres. Aún arrastraba las secuelas de una nefasta experiencia sentimental y prefería centrarse en sus responsabilidades como abogado en la compañía de seguros de su padre. Aunque, a veces, sentía la necesidad de divertirse y eso era lo que pretendía.

Al día siguiente, ya en el hotel, llamó a su amigo para verse y tomar algo mientras planeaban la salida de esa noche. En Ibiza, son famosas sus fiestas nocturnas en las discotecas de moda, entre otras muchas cosas. Después de colgar la llamada, Uriel, no podía parar de reír. Lo que su amigo le acababa de contar le parecía, como poco, surrealista. Le había explicado como, por poco, no termina ingresado en urgencias por los golpes recibidos mientras cambiaba una rueda al coche de dos preciosas chicas que acababan de llegar a la isla. Y a las que, por cierto, había invitado para que los acompañaran a tomar unas copas.

Al final, el fin de semana prometía ser divertido. O eso es lo que él creía…


Si te apetece saber lo que pasó en Ibiza, no dejes de leer la novela, en este enlace: https://www.kamadevaeditorial.com/libros/y-tu-que-quieres/

Y si quieres conocer más a Ada White, no te pierdas su entrevista: https://www.kamadevaeditorial.com/entrevista-a-ada-white-autora-de-y-tu-que-quieres/

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *